Mesetas, Meta, Colombia, 1988
Mi quehacer en las prácticas artísticas indaga sobre el trauma individual y colectivo a causa de la violencia política en Colombia y su consecuencia sobre la fragilidad del territorio, el cuerpo y la memoria. En mi infancia visitaba de madrugada los mataderos para recolectar las patas de las reses. Allí, me familiaricé con el olor de la sangre, del cuero suspendido en los grandes ganchos metálicos y del óxido de estos. También me acostumbré al bramido de los cuerpos de las reses agonizantes, a los lasos, al mataganao, al botalón y al correr de la sangre en el rústico y sucio drenaje. Al mismo tiempo, mis ojos absorbían la cotidianidad de la muerte violenta. En el contexto de mi familia me habitué a las ruinas de la pobreza, al desplazamiento forzado y al agotamiento que genera el hambre y la violencia intrafamiliar.
Es así como, tomo mis recuerdos como detonante para establecer un vínculo de narrativas autobiográficas e históricas, basados en el sometimiento desde la precariedad, tanto en los llanos orientales, como en el resto del país. Mi hacer se fundamenta en la potencia poética de la sangre de res, los machetes, la sal, los cueros, su carga procesual e identitaria, circulando entre el arte objetual, la pintura experimental, el performance y el video arte, pero también incluye instalaciones y trabajos interdisciplinarios. Con el objetivo de cuestionar y generar un sentir de lo humano y lo no humano desde la estética y la narrativa contra hegemónica.
